A la música
El ocaso: Mozart |
No se sabe quién escribió la letra de la canción que es la base de la siguiente lámina, pero es tan íntima y conmovedora que cuesta pensar que no es del mismo Mozart. El autor prevee su propia muerte. “Es tarde”, dice, “el sol ya desapareció y brilla la luna plateada. Igual que el sol, las horas de la vida se vuelan. El telón se cierra sobre nuestra comedia. Si ustedes vienen a llorar sobre mi tumba, les apareceré en forma de brisa soplando desde el cielo”.
Súbitamente el que habla se dirige a una persona en particular. “Tú también, otórgame una lágrima y que no te dé vergüenza, pues esa lágrima será la joya más preciada de mi diadema”.
El revolucionario: Ludwing Van Beethoven |
La escencia del estilo de Mozart permaneció durante sus veinte y tantos años de composición. Lo que escribió más tarde es más profundo, pero proviene obviamente de la misma persona. Para él y los otros compositores del siglo XVIII y antes, con un estilo estable se abarcaba toda la gama expresiva. El lenguaje musical, como las costumbres de la sociedad, cambiaba poco en el tiempo que duraba una vida.
En cambio, en Beethoven las transformaciones de su estilo fueron radicales. Para realizar sus visiones no bastaba un modo fijo de componer, porque mientras componía, iba modificando su concepto de la expresión musical. Sus cuadernos parecen un caos de manchas, borrones y rayas. Su vida fue el descubrimiento continuo de una visión siempre nuevamente revelada, un experimento permanente. El ritmo de su búsqueda es el ritmo moderno, el ritmo del cambio. No ha cesado el desarrollo acelerado de los estilos musicales desde que Beethoven murió.
La personalidad y vida de Beethoven también han tenido una influencia histórica. Su imagen ha servido como un prototipo del artista moderno: un ser inquieto, atormentado, hipersensible, que no para de buscar una perfección inalcanzable, y que vive a duras penas en el mundo de la gente ordinaria.
La sonata “Primavera” para violín y piano, es una obra temprana donde se siente poco esta turbulencia característica de Beethoven. Aparece solo por momentos, prefigurando el compositor de los años maduros. Es una obra de una belleza tranquila que con Samy escuchamos juntos por primera vez en un largo viaje por los senderos del sur de Chile, durante un bello noviembre. En la primavera del hemisferio norte, volvimos a la pieza, tocándola en piano y pintando.
El enamorado: Franz Peter Schubert |
Schubert escribió música de una diversidad asombrosa: sinfonías para orquesta, misas para coro mixto, obras seculares para coro masculino, tríos, cuartetos, quintetos y además para variados conjuntos instrumentales; y una gran miscelánea de sonatas, impromptus, “momentos musicales” y otras piezas para piano. Pero lo que más aman los más amantes de Schubert son sus únicas, inimitables, prodigiosas, melodiosas, efusivas, irresistibles, heróicas, declamatorias, liriquísimas, y sobre todo amatorias canciones. Ascienden a unas 600, escritas entre los 18 años y su muerte temprana a los 31.
En la Viena de principios del siglo XIX, estaba muy de moda lo campesino. En una serie de canciones titulada “Die Shöne Mullerin” (“La bella molinera”), Schubert retrata a un joven campesino. El relato empieza en el molino donde el joven está de aprendiz. Se siente grande y quiere salir a conocer el mundo.
“El agua corre. Yo quiero correr. Las ruedas giran. Quiero girar. Ruedan las piedras.
Yo también quiero rodar. Déjeme salir, maestro”.
En el camino se encuentra con un riachuelo que baja de la montaña. El agua parece hablarle misteriosamente de su destino. Se decide a seguirla. El agua lo conduce a otro molino, donde consigue trabajo. Se enamora de la hija del molinero. Llega un momento en que piensa haberla conquistado, pero pasa un cazador cabalgando, y la muchacha lo abandona.
El joven se tira al río, y el relato termina con la voz del agua, cantando una canción de cuna para el difunto. Sale la luna llena iluminando un paisaje tranquilo. El campesino ya es parte del campo.
El triste: Johannes Brahms |
Tengo un amigo músico de tendencia psicoanalítica (es de ascendencia vienesa), que opina que la vida amorosa de Brahms fue bastante penosa. Se apoya en el hecho de que no tuvo ninguna relación amorosa intensa ni duradera.
Ha de haber estado enamorado de la gran pianista Clara Schumann, esposa del compositor. Le dedicó música y le escribió cartas, pero nunca le declaró un amor más que de amigo, incluso después de la temprana muerte de Robert Schumann.
Desarrollando más su teoría de la sexualidad frustrada de Brahms, mi colega vienés aduce le hecho de que su música generalmente no llega a un clímax inequívoco. Pasa por una serie de expresiones apasionadas, pero sin resolución absoluta. Comunica sentimientos muy íntimos, pero casi siempre con una tristeza penetrante, dejándonos con una sensación difusa e insistente, como unas cápsulas de tiempo que siguen disolviéndose en nuestro interior.
Con otros compositores, cuando la música acaba en el silencio final, uno queda en paz. Pero Brahms nos acompaña insistiendo todavía, y de repente fluyen lágrimas, mientras cruzamos una calle en Santiago o Shangai.
El maestro del silencio: Anton Webern |
Comparando la historia de la música con la de la pintura, se podría decir que Anton Webern corresponde a Kasimir Malevich, o a Vassily Kandisnky. Todos vivieron a principios de nuestro siglo, cuando las formas tradicionales se desintegraban.
En la plástica, las reacciones fueron variadas. La de los rusos fue radical. Kandinsky sugirió que la realidad es para la pintura un mero pretexto. Las líneas, los puntos y los colores tienen valor por sí mismos. No es necesario que correspondan a un significado en el mundo concreto.
El Kandinsky de la música fue Arnold Schoenberg, que desarrolló un sistema para reemplazar las escalas, acordes, y armonías tradicionales. Nunca en la historia de la música un método de composición ha tenido tanto éxito con los compositores y tan poco con el público. El sistema de Schoenberg dominó la composición musical durante la mitad de un siglo, produciendo unas obras geniales, pero también un montón de música no sólo mediocre, sino incomprensible, salvo para los mismos autores y sus colegas. La música se alejó mucho de su público en este período.
Para mi gusto, lo mejor que profujo esta línea “dodecafónica”, fue el alumno de Schoenberg, Anton Webern.
Él, como Malevich, fue un maestro de la sensación sutilísima, un creador de espacios. Escribió puras miniaturas, y la totalidad de su obra se escucha en pocas horas.
El primer movimiento de las Variaciones para Piano, que es la base de la siguiente lámina, dura alrededor de noventa segundos. Las páginas de la pieza se ven con mucho más blanco que negro. A tres metros de la página, un músico ve que no se trata de una partitura de Bach o Brahms. Parecería fácil la música por tener tan pocas notas, pero cada nota exige, tiene su propio peso, timbre, duración. Es música muy bella, muy parsimoniosa, y muy difícil. Aunque Webern murió antes de la exploración del espacio, su obra parece música espacial.
Su muerte fue trágica y absurda: días después del fin de la Segunda Guerra Mundial, un soldado norteamericano le disparó equivocadamente, en los alrededores de Salzburgo, donde vivía.
El Cortesano: Gerog Friedrich Handel |
En el año 1685, en Alemania, la cosecha de niños músicos fue impresionante. en un período de cuatro semanas nacieron Georg Friedrich Handel y Johann Sebastian Bach, los dos compositores barrocos más conocidos hoy. Colegas más diferentes no podían ser.
Mientras Bach llevó una vida modesta como músico de la iglesia luterana, con encargos de vez en cuando de nobles conocedores, handel gozaba de gran éxito en Inglaterra. Se cuenta que el estreno del ¨Mesiás¨, la gran obra religiosa de Handel, el mismo Rey de Inglaterra, Jorge I, se puso de pie cuando escucho el coro ¨Aleyuya¨. No sólo la vida de Handel, sino su música difirió mucho de la de Bach. Está compuesta de gestos sencillos, grandes, influidos por la alegría del estilo italiano, y también por la rusticidad del folklore inglés. Algunas piezas casí pasarían por danzas campesinas británicas.
Incluso sus obras más intimas, las de cámara, están hechas de gestos generosamente extrovertidos. El primer movimiento de la sonata en Fa Mayor para violín (con acompañamiento de clavecín), fue el motivo de la lámina que aparece en esta página. La obra tiene cuatro movimientos, que van alternando; no de carácter serio, otro alegre. el primer movimiento se muestra con un paso ancho que sugiere una procesión de reyes. Unas notas ligeras predicen la alegría que está por soltarse cuando termine la entrada real.
El Sacerdote: Johann Sebastin Bach |

Se cuenta que un admirador de Bach le preguntó cómo había llegado a dominar tan profundamente el arte de la música.Ïch habe fleissing sein museen¨, habría contestado el maestro, ¨Wer es gleichfalls ist wird eben so weit kommen¨, o sea, ¨fui esmerado. Otro que lo sea igual logrará lo que yo he logrado¨. El comentario parece muy humilde, puesto que el lo hizo, era el genio más grande que la música europea ha conocido en su milenaria historia.
Por cierto no se aplica a Bach con mucha freceuncia la palabra ¨genio¨. El inagotable Mozart, o el apasionado Beethoven, tenían talentos y personalidades más espectaculares. Pero si por genio se entiende una inteligencia tan potente que define el mundo en que viven los otros, a Bach no le igala nunguno.
Exploró en forma exhaustivas las posibilidades expresiva de la música europea. Mozart, Beethoven y Brahms lo estudiaron en detalle, creando mundos dentro del universo delineado por él. Sólo a principios del siglo veinte fue terminado el trabajo propuesto implícitamente por la música del máximo maestro barroco.
Otro modo de describir su trascendencia sería en términos de la religión. A mediados del siglo dieciséis, en un decreto llamado ¨Abusos en la Sagrada Misa¨, la Iglesia Católica había condenado el uso de melodías y ritmos mundanos en la música religiosa. En cuanto al uso d instrumentos, era tan inconcebible profanar el altar con estos aparatos humanos que no había ni necesidad de mencionarlo.Para adorar a Dios se usaba sólo el instrumento diseñado por El:la voz humana.La iglesia luterana de Bach, en cambio, que promovía una relación más íntima entre la vida cotidiana y la reigiosa, permitía instrumentos, canciones folklóricas y hasta música de danza, que Bach utilizó mucho en su liturgia. Con ritmos movidos tradicionales, hizo sentir la impaciencia del alma que anhela a Jesús, y con alegres bailes de origen campesino, el júbilo del alma que se une con su Creador. Esta función de lo cotidiano con lo religioso también se escucha en su obra secular. La intesidad emocional de las suites de danzas, por ejemplo, sugiere una dimensión trascendental. En Bach los sentimientos humanos son parte del plan divino; el así percibirlos consuela, absuelve y regocija.
El niño eterno: Wolfgang Amadeus Mozart |
Se cuenta que la primera vez que Mozart escuchó la música de Bach comentó: Äl fin un maestro que me pueda enseñar algo!¨. Regreso a su casa y apuntó la pieza sin olvidar una nota de lo escuchado.
Contrastando con esta seriedad hay otra faceta de Mozart. A los treinta años todavía le encantaba hablar de pedo y caca. No saber tratar con cortesía a los que lo contratan.
Su vida económica es un desastre. Piensa simplemente en ser buen músico. Sabe quelo ha sido desde los seis años, pero la vida es más complicada que eso. A los treinta y cinco muere abandonado por sus auspiciadores;ninguno ofrece pagar los funerales. Fue enterrado en una fosa común.
En el principio de su vida profesional tuvo mucho éxito, pero más trade, entre otras imprudencias, escribió la ópera ¨las bodas de Fíagro¨, que satirizaba las costumbres de la aristocracia. ¿sorprenderá acaso que el público aristocrático perdiera sus entusiasmo por la obra de Mozart?. Las óperas subsecuentes, aunque exitosas fuera de su patria, no lo fueron en Viena, donde el compositor tartaba d eganarse la vida.
La más apreciada-algunos dicen que la mejor ópera de todos los tiempos-es ¨Don Giovanni¨, una versión italiana del mito de Don Juan Tenorio:
En la primera escena el valet de Don Giovanni trata de consolar a una de las mujeres seducidas y abandonadas por su amo.¨Usted no es la única¨, le dice.¨Le s ha pasado lo mismo a muchas. Mire!, aquí tengo el catálogo de sus conquistas. En Italia seiscientos cuarenta, en Alemania doscientos treinta y una, cien en Francia y en Turuía noventa y una.
Pero en España…ya son mil tres. Ahí van campesinas, doncelllas, condess, mujeres de tod forma y condición. A las rubias le sice ciertas palabras bonitas, a las morenas otras. en invierno le gustan las gordas, en vernao las flacas. Incluso a biejas seduce, por el puro placer de agregarlas a su lista.A cualquier cosa que lleve faldas, usted ya s eimagina lo que le hace¨.






